El día después

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México

El padrón electoral que se empleó el 1 de julio enlistó a 89 millones de...

Justo en la fecha calendario de la presente publicación, México estará confirmando los resultados electorales de una de las jornadas más accidentadas que hemos visto en las últimas décadas. ¿Qué nos deparará la decisión que tomamos?

De entrada, nos da una serie de lecciones. La primera que no debemos poner todos los huevos en una sola canasta, que el equilibrio de poderes es la mejor manera de que nuestra democracia atienda las necesidades ciudadanas de la mayoría y no sólo abone a la riqueza y concentración de poder de unos cuantos.

Que estamos divididos, aunque la filiación política es una prerrogativa personal, la mayor parte de los habitantes del país ejerció su derecho más por los “beneficios” que le prometieron que recibiría, que por una decisión razonada de lo que, en el mediano y largo plazo es lo mejor para su persona, familia y país.

Además de México, solo en otros cuatro países de Latinoamérica no existe segunda vuelta electoral (Honduras, Panamá, Paraguay y Venezuela), aquí prevalece el método de mayoría relativa para elegir al presidente de la república, gobernadores, alcaldes, legisladores y la mayoría de los cargos públicos.

Es decir, gana quien obtiene el mayor número de votos, sin importar la cantidad de personas que participe en las elecciones. Esta situación determina que, aunque un porcentaje importante de la población pudo abstenerse de emitir su voto, quienes lo ejercieron, seleccionaron a los representantes populares que ocuparán los cargos de presidente, gobernadores, un jefe de gobierno, alcaldes, concejales, regidores, juntas municipales, sindicaturas, senadores y diputados locales y federales, un relevo de funcionarios de tal nivel que no se había dado en muchos años.

Votamos, ahora nos toca edificar el país que queremos con base en la elección que realizó la mayoría.

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